Sin antecedentes, las fuerzas antipopulares armadas para defender al pueblo, lo atacan de manera cruenta y artera. Pocas excusas tienen aquellos que aún hoy defienden tamaña felonía.

Curiosamente, son los mismos ( o casi) los que el 24 de marzo de 1976 instauran la dictadura genocida que se escondió tras la excusa del terrorismo de izquierda.

Aquel 16 de junio de 1955, la Armada Argentina, con apoyo de sectores de la Fuerza Aérea, encabezó un ataque que tenía, según algunos historiadores, el objetivo principal de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y a los miembros de su gabinete para consumar así un golpe de Estado.

Esta imagen no puede borrarse.

La maniobra concluyó en la agresión contra civiles inermes que pudieran alzarse en defensa de un gobierno constitucional que contaba con un importante apoyo popular y que distraídamente pudieran transitar por Plaza de Mayo.

Más de 300 muertos y miles de heridos dejaron los rasantes bombardeos y metrallas de los aviones que huyeron luego de ejecutar los cobardes asesinatos.

Coincidimos en que Los vasos comunicantes entre el ataque de junio de 1955 y la última dictadura se evidencian, también, en algunos de sus protagonistas: los tres ayudantes del ministro de Marina, contralmirante Olivieri, máxima autoridad militar de los conspiradores, eran los capitanes de fragata Emilio Eduardo Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. Massera fue miembro de la Junta Militar que asaltó el poder en marzo de 1976; Mayorga estuvo involucrado en la Masacre de Trelew, en la que se asesinó a sangre fría a diecinueve prisioneros en la Base Almirante Zar de esa ciudad el 22 de agosto de 1972); y Montes se desempeñó como Canciller y como titular de la Fuerza de Tareas 3 de la Armada, y en cuanto tal fue jefe de la ESMA, durante la última dictadura cívico-militar.

Por eso es hora de decir, pensar y sentir en que debemos cerrar la grieta y tener más sentido común.