ESCRIBE: MARIO BUONO

Para los seguidores de la famosa consigna nazi, “miente, miente, que algo quedará” les informo que tienen un problema porque las mentiras tienen las patas cortas, claro que…

Decía un viejo general, que sabía por viejo y por zorro, que se puede ganar una elección con la mentira, pero no se puede gobernar con ella.

El mercado, que todo lo resume, tiene aristas que no deben descuidarse. Aquellos que abusan de sus reglas suelen producir daños irreparables, por ello nadie puede darse el lujo de no estar atento.

El primer paso de la mentira es separar las situaciones que teniendo un mismo origen y perseguir un único objetivo presenta versiones diferentes para que el distraído no ate cabos, no reúna evidencia, caiga en la trampa.

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Una mentira clásica relativa a justificar la inseguridad pública en los municipios es la falta de recursos y algún despliegue policial. Hacen creer que no existe relación con la delincuencia, que no tienen contacto con las barras bravas, que los “punteros” actúan por iniciativa propia, y muchos vecinos no asocian estas circunstancias con otros problemas como barrios copados por el narco, bandas de delincuencia que nadie toca, vecinos con miedo, falta de infraestructura, que los colectivos no anden sino hasta alguna hora, que no haya médicos en las unidades sanitarias, que haya droga en las inmediaciones de los colegios, etc.

Hasta que un buen día, uno de los prisioneros logra zafarse de sus ataduras y voltear hacia la antorcha, descubriendo así una nueva realidad. De golpe, el prisionero entiende que las cosas reales estaban fuera de su visión y que las sombras no son las cosas, sino apenas un espejismo.

Por esto y otras  cosas más, los políticos apenas dicen lo que piensan, los mejores preparados repiten lo que los analistas sugieren, los otros se suman a las grandes consignas… “vamos por todo”; “… o la nada”.

Tal vez el único plan lo brinde Javier Milei y, claro, recibe palos por izquierda y por derecha. Modificar el status quo puede resultar el pecado más grande para los conservadores y aplaudidores de consignas.

Las mentiras tienen patas cortas, ahora, nada se puede hacer con aquellos que prefieren la mentira antes que ver la real realidad. En definitiva, Platón hace miles de años descubrió que a la verdad hay que matarla.

La mentira usa a la gilada de sicarios de la verdad. No se sume.