La escultura de Lola Mora fue presentada al público el 21 de mayo de 1903, y trasladada quince años después a su actual ubicación, en la Costanera Sur, por las críticas que generaron los desnudos de la escena. A pesar de los vaivenes, la obra fue declarada Bien de Interés Histórico Artístico Nacional en 1997.

¿Nació en 1866 o un año después? ¿En abril o en noviembre? ¿En Tucumán o en Salta? Si bien ambas provincias se disputan el lugar de nacimiento y se duda de su fecha, Pablo Mariano Solá (sobrino bisnieto y biógrafo), confirma que Dolores Candelaria Mora Vega, más conocida como Lola Mora, llegó al mundo en abril de 1867, en la provincia de Tucumán. Luego se cuenta que fue bautizada en la localidad salteña de El Tala, y que por disposición de sus padres -si bien no pertenecían a las grandes familias del norte argentino y conservaban un modesto nivel de vida- se mudaron al jardín de la Republica.

También se dice que ella siempre se sintió tucumana. En esas tierras precisamente, la pequeña Lola comenzó sus estudios primarios, en el Colegio Sarmiento, y su vocación de artista afloró temprano, destacándose en materias como dibujo y piano. 

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La emblemática Fuente Monumental de las Nereidas, representa seres mitológicos que asisten al nacimiento de la diosa Venus, debía ser dispuesta en la Plaza de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires, justo frente a la Catedral. El problema es que este conjunto de divinidades de la mitología romana mostraba la desnudez de los personajes femeninos. Los moralistas de ciertos sectores porteños sostuvieron su descontento. Es por eso que, para evitar el escándalo, se la emplazó en la Costanera Sur.

Desde 1918 se encuentra en una de las entrada de la Reserva Ecológica de Buenos Aires, en la Costanera Sur y, desde 1997 por decreto presidencial, está declarada como Bien de Interés Histórico.

La propia artista expresó: “No pretendo descender al terreno de la polémica; tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia. Pero lamento profundamente que el espíritu de cierta gente, la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura”.