Marshall McLuhan* nos decía que los medios de comunicación tienen la particularidad de generar una versión de los hechos que llegan al “receptor” generando una imagen de inmediates y verosimilitud que puede inducir al error.

Hace mucho tiempo que venimos escuchando hablar sobre las fake news (noticias falsas), pero si bien, como dice el refrán, las mentiras tienen patas cortas resulta que sus efectos logran resultados estupendos. Cuando la víctima de la difamación logra rebelar la verdad al público, el daño es, generalmente, irreparable.

Para meditar estas cosas, parece una paradoja, pero el mercado es víctima del mercado.

Cuando la sociología, creíble, nos advierte sobre los peligros de los excesos(**), algunos pueden comprobar sobre su propia piel que el mercado es cruel y que la idea de la libertad solo puede ser considerada en una comunidad que practica los mismos conceptos de libertad. Cuando existe un desajuste, resulta que el pez grande se come al chico.

El SISTEMA, que no es libertario ni comunista, usa ambos extremos para lograr sus objetivos. Las mayorías ajenas, alejadas y desinformadas, sufren las contingencias de ese juego que solo logra objetivos para elites y es siempre remoto para esas mayorías.

En este mundo la distorsión de las verdades y las mentiras lisas y llanas, suelen operar como conductores eléctricos que comunican los objetivos prediseñados de una elite y la complacencia de las mayorías que lo padecerán. Es el planeta de las fake news donde el otro es el enemigo y contra el que todo vale.

El imperio de la sociedad des-organizada permite un mejor control de los individuos para imponer criterios de consumo que sirven para mantener el SISTEMA.

Como diría el mago, nada es lo que parece. Por eso el kirchnerismo, transa con la Ucede de Massa pero se cuida de simular dándole a Grabois el negocio de ser el emergente de una interna inexistente.

El ala dura de Bullrich y el ala blanda de Larreta constituyen las dos caras de una misma moneda, el fracaso de Macri.

El liberalismo muestra su faz, raquítica y descarnada cuando se niega a conformar un polo que apunte a una oferta electoral positiva, salvo Milei, los libertarios terminan enrolados en el PRO-gresismo del círculo rojo.

(*) La idea de aldea global fue desarrollada por el canadiense Marshall McLuhan (1911–1980). Este sociólogo y filósofo canadiense jugó con dos términos que parecen contradictorios (la aldea es algo local, de escala reducida, mientras que lo global refiere al mundo entero) para explicar las consecuencias del desarrollo de los medios de comunicación masiva.

(**) La aparición de las nuevas tecnologías (especialmente las de la comunicación) formarían un nuevo escenario: el triunfo de la cultura del consumo y la cultura de masas. ¿Es ese el cumplimiento de la promesa? ¿A eso se limitaría el progreso? La disgregación de los valores, la pérdida de la fe en la trascendencia de los grandes relatos históricos y el desasosiego generado por el hastío frente a una cultura absolutamente mercantilizada y mecanizada constituirían, pues, la condición posmoderna.