El frío que los argentinos sentimos en los bolsillos y en el cuerpo, responden en el primer caso a cuestiones políticas y económicas, en el segundo caso a la ola polar que nos azota para contradecir a aquellos que nos dicen sobre el calentamiento global. Pero es tan así?

Consultados expertos nos indican que las reiteradas alertas sobre los efectos que el cambio climático tendría sobre el planeta, así como los acuerdos internacionales para limitar el aumento de las temperaturas en los próximos años a 2 °C por encima de los niveles preindustriales han demostrado que vivimos en un planeta que se calienta.

De hecho, el año 2023 fue el más cálido jamás registrado, según indicó la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

Pero, al mismo tiempo, las autoridades han advertido temperaturas bajas e inviernos muy fríos en diferentes latitudes del globo: en enero se registraron temperaturas frías récord para muchos estados estadounidenses, y lo mismo ocurre ahora en el hemisferio sur. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de Argentina pronosticó a fines de mayo que es probable que la región pampeana, el sur del litoral y gran parte de la Patagonia perciban temperaturas inferiores a las normales, y eso está ocurriendo.

Entonces, ¿el planeta no se está calentando? Sí, pero eso no significa que el invierno desaparezca e incluso las temperaturas bajas pueden ser más crudas en algunas regiones del planeta porque algunos factores meteorológicos y otros efectos que se ven exacerbados por el cambio climático inciden sobre las temperaturas.
Los vientos más intensos procedentes de las regiones polares pueden contribuir a un invierno ocasionalmente más frío. De forma similar, la persistencia de una fase de un patrón de circulación atmosférica conocido como Oscilación del Atlántico Norte ha contribuido a varios inviernos fríos recientes en Europa, el este de Norteamérica y el norte de Asia.


Comentarios recientes