
El Papa ha dado una prueba extraordinaria al mundo, “Gracias por venir…”, es la frase que un verdadero padre le dice a su hijo. Fuerzas del cielo mediante, la paz de los puños desarmados para que el corazón magnánimo se exprese en un abrazo que no tiene precedentes.

Claro que hay muchos que NO LA VEN. Pero tal vez esa sea la condición humana. Podemos ver a Cristo mostrando sus llagas sangrantes para que sus discípulos vean que había resucitado. Ellos dudaban, después de Lázaro, de los peces, de haber vivido con El.

Como pueden dudar los que dicen defender al Presidente Milei y arremeten a lo toro contra aquello que “sospechan” enemigo. Podemos recordar aquella infausta frase “AL ENEMIGO NI JUSTICIA”. Ya lo padecimos, porqué otra vez?
La historia del siglo XX y el fascismo demuestran que debemos ser cuidadosos de no caer en los peligros de creer que solo nosotros tenemos la verdad atesorada. (*)
De acuerdo a la religión Católica Apostólica Romana el nuevo testamento es un testimonio del hijo que fuera enviado a redimir al hombre. No hubo un sacrificio para castigar, sino para redimir. “Yo soy el camino”.
Pero Jesús dejó en su legado, que habrá que “dar a Dios lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre”, entonces tendremos que, nosotros, simples mortales, ser lo suficientemente humildes para, si es necesario, poner la otra mejilla. El Papa nos da el ejemplo.

Los judíos que esperaban al rey liberador de lo material recibieron, sin darse cuenta, al rey de la vida eterna. Pero así debía ser. No todos LA VEN.
La crisis argentina, la crispación de la Argentina, la piel ardiente que rechaza el abrazo, con este encuentro puede tener una esperanza de superación porque algunos argentinos aprendimos que NO SE VENCE CON VIOLENCIA sino con ORGANIZACIÓN.

Por eso desde nuestro espacio de compromiso ciudadano y patriótico creemos que es necesario empeñarnos a prestar la colaboración que sea necesaria a aquellos con responsabilidad de gobernar para que el camino se allane en favor del pueblo. Quien quiera oír que oiga.
(*) El teórico jurídico más importante del fascismo, Carl Schmitt, había presentado su idea de que la legitimidad es más importante que la legalidad, es decir, que si un gobierno es popular y por lo tanto “legitimo”, esa legitimidad es más importante que el marco legal preexistente. Esta teoría llevó a Schmitt a plantear que la palabra del líder es fuente del derecho. Llegada al límite esta situación destruye la democracia y así paso con el nazismo.


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