Un día como hoy pero de 1841 – Muere trágicamente Juan Galo de Lavalle, luchador contra el régimen de Rosas.

La fortuna lo había abandonado, perseguido por las tropas de Oribe, Lavalle debía escapar a Bolivia. Rosas quería su cabeza y Oribe prometió dársela.
La persecución no era obstáculo para mantener con Damasita Boedo una relación extramarital. Y en su compañía lo encontró la partida de federales conducidas por el negro Bracho.

Sus acólitos decidieron trasladar el cadáver a Bolivia para impedir la profanación de sus restos por el enemigo rosista. Sostiene la tradición que los hombres cubrieron el cuerpo de Lavalle con un poncho, taparon su rostro con un pañuelo y lo cargaron a caballo.
“Lavalle dio la orden de partir, pero una bala perdida atraviesa la puerta de la casa e impacta en el cuello del general. Éste cae desplomado, y muere desangrado. No hay testigos de este momento más que Damasita. Nadie de la escolta estaba presente cuando fue herido el general, solo llegaron a ver las convulsiones finales de su jefe.”

La tradición oral asegura que lo acompañaba Damasita Boedo, una joven de 23 años de ojos azules que había abandonado el hogar federal solo para seguirlo. Era sobrina de Mariano Boedo, congresista de Tucumán y su hermano, el coronel federal José Francisco Boedo, había sido fusilado en Campo Santo por orden del propio Lavalle.
Aún así, sus pocos leales y Damasita “cargaron el cuerpo de Lavalle envuelto en su poncho de seda celeste sobre el tordillo de pelea que lo acompañara en esta campaña tan loca como heroica. Damasita siguió con la lúgubre comitiva, que lucha para poner el cadáver del general a salvo en Bolivia.”
En la desesperación deciden desmembrar el cadáver “La cabeza, el corazón y los huesos de Lavalle siguieron viaje hacia Potosí, mientras que sus restos fueron dispersos cerca del arroyo, para que no sirvieran de macabro trofeo.”
Actualmente los restos de Lavalle descansan en la Recoleta, cerca, paradoja, de los restos de Dorrego.


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