Un día como hoy pero de 1945, Adolf Hitler se refugió en su búnker, donde permaneció hasta el día de su suicidio.

Al momento de suicidarse, Hitler lleva ya escondido, ya más de tres meses, en el bunker del Führer «Führerbunker» en el centro de Berlín. En este escondite subterráneo, él y la gente que lo rodea, pueden escuchar cómo el ejército de la Unión Soviética se acerca cada vez más.
La impactante noticia que parecía anunciar el inminente fin de la II Guerra Mundial, la desaparición del hombre que «se había convertido ante los ojos de prácticamente todo el mundo en la encarnación del mal absoluto» -según el Times de Londres-, fue recibida con una incredulidad que duraría décadas.

A las 21:30 horas del 1 de mayo de 1945, la radio de Hamburgo informó que en breve haría «un anuncio grave e importante para el pueblo alemán», tras lo cual comenzó a transmitir música solemne de Richard Wagner, el compositor predilecto del líder nazi Adolf Hitler, seguido de un fragmento de la Séptima sinfonía de Anton Bruckner.
La información oficial sobre la muerte de Hitler despertó muchas dudas.
«Los nazis han usado tanto la mentira como parte de su política y los informes sobre los supuestos dobles de Hitler están tan extendidos que esos anuncios van a dejar en muchas mentes la sospecha de que el maestro de la mentira intenta cometer un gran fraude final ante el mundo en un esfuerzo por salvarse», advirtió The New York Times (NYT) en una nota publicada al día siguiente.

Días antes de su suicidio, el 22 de abril, Hitler sufrió un ataque de histeria ante el golpe de realidad de que Alemania no superaría la guerra. Según el testimonio de una enfermera del búnker, Hitler parecía enfermo y su brazo izquierdo temblaba fuertemente.
Al expresar su intención de suicidarse, pidió al médico Werner Haase que le recomendase la mejor opción de suicidio. Haase le recomendó una dosis de cianuro seguido de un disparo en la cabeza.


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