Un día como hoy pero de 2012 – Muere Ray Bradbury, escritor estadounidense.

Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, hijo de Leonard Spaulding Bradbury y de Esther Moberg. Su familia se mudó varias veces desde su lugar de origen, Illinois, hasta establecerse, finalmente, en Los Ángeles, California, en 1934.

Se ganó la vida vendiendo periódicos de 1938 a 1942. Se formó de manera autodidacta pasando la mayor parte de su tiempo en la biblioteca pública leyendo libros y en ese periodo comenzó a escribir sus primeros cuentos. Sus publicaciones en Futuria Fantasy, son reflexiones sobre el futuro y sus peligros. En estas pequeñas publicaciones empezó a perfeccionar gradualmente sus habilidades literarias, formando un estilo individual.

La obra presenta un mundo en el que los libros están prohibidos. Los bomberos son los encargados de quemarlos, para así evitar que se propague la «infección del pensamiento». De hecho, el título del libro proviene de la temperatura a la que se quema el papel.

Ray escribió cuentos y novelas de diversos géneros, desde el policial hasta el realista y costumbrista, pero se le conoce como un escritor clásico de la ciencia ficción y fantasía. También, trabajó como argumentista y guionista en numerosas películas y series de televisión, entre las que cabe destacar su colaboración con John Huston en la adaptación de Moby Dick para la película homónima que este dirigió en 1956. Además, escribió poemas y ensayos.

Si bien a Bradbury se le conoce como escritor de ciencia ficción, él mismo declaró que no era escritor de ciencia ficción, sino de fantasía y que su única novela de ciencia ficción es Fahrenheit 451.

La obra presenta un mundo en el que los libros están prohibidos. Los bomberos son los encargados de quemarlos, para así evitar que se propague la «infección del pensamiento». De hecho, el título del libro proviene de la temperatura a la que se quema el papel.

NOTA DE LA REDACCION: Nuestra sociedad, por momentos desquiciada, sometida al influjo de poderes no siempre identificados aunque siempre sufridos, encuentra en Bradbury un traductor futurista que merece recordarse y que fervientemente recomendamos leer.