Un día como hoy pero de 1972 el avión de la fuerza aérea uruguaya que trasladaba al equipo de rugby Old Christians de ese país chocó contra un pico, cayó sobre la nieve y perdió todo contacto con la civilización.

El accidente del avión serie FAU 571, más tarde conocido como la Tragedia de los Andes o el Milagro de los Andes, fue un vuelo fletado que partió de Montevideo, Uruguay, con destino a Santiago de Chile.

La aeronave chocó contra una montaña, cortando inicialmente ambas alas y la sección de cola. La parte restante del fuselaje se deslizó por la montaña unos 725 metros antes de chocar contra el hielo y la nieve en un glaciar. El vuelo transportaba a 45 pasajeros y tripulación, incluidos 19 miembros del equipo de rugby Old Christians Club, junto con sus familias, simpatizantes y amigos.

Treinta y tres permanecieron con vida, aunque muchos resultaron gravemente heridos, con heridas que incluían fracturas en las piernas que se debieron a que los asientos de la aeronave se derrumbaron hacia adelante contra la división de equipaje y la cabina del piloto.

Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, ambos estudiantes de segundo año de medicina, actuaron rápidamente para evaluar la gravedad de las heridas de las personas y tratar a quienes más podían ayudar.

Gustavo Zerbino

Desde Chile y la Argentina, la búsqueda fue intensa. Once aviones de Argentina, Chile y Uruguay buscaron el vuelo derribado. El área de búsqueda incluyó su ubicación y algunos aviones volaron cerca del lugar del accidente. Los sobrevivientes intentaron usar lápiz labial recuperado del equipaje para escribir un SOS en el techo de la aeronave, pero renunciaron después de darse cuenta de que les faltaba suficiente lápiz labial para que las letras fueran visibles desde el aire.

Pero pasado cierto tiempo, aunque algunos mantenían la esperanza, el intento de rescate se dio por concluido.

«En cierto sentido, nuestros amigos fueron algunos de los primeros donantes de órganos en el mundo: ayudaron a nutrirnos y nos mantuvieron con vida», recordó. Además, contó que los 16 sobrevivientes hicieron un pacto de que los que vivieran podrían comerse a los que murieran: «Nos prometimos mutuamente que si uno de nosotros moría, los demás estaban obligados a comerse sus cuerpos», dijo.

El décimo día después del accidente, después de que los sobrevivientes supieron que la búsqueda había sido cancelada, y ante el hambre y la muerte, los que aún estaban vivos acordaron que, en caso de morir, los demás podrían consumir sus cuerpos para poder vivir. Sin elección, los supervivientes comieron la carne de los cuerpos de sus amigos muertos

La historia del accidente y los 16 sobrevivientes inspiró 16 libros y cinco películas.

El choque con la montaña causó la muerte instantánea de 12 personas.

Otros 17 murieron en los siguientes días, debido a las heridas, a la falta de alimentos y a las duras condiciones a las que se enfrentaron.

El accidente pasó a la historia como «el Milagro de los Andes». uno de los episodios más impactantes de la aviación porque una de las razones de que 16 sobrevivieran fue que se comieron a sus compañeros muertos.

Sabiéndose abandonados, tres de los sobrevivientes decidieron buscar ayuda escalando la montaña cosa que tuvo éxito. Se contactaron con unos arrieros y estos dieron parte a las autoridades.

SERGIO CATALÁN

El 10 de febrero de 2020 falleció el arriero chileno Sergio Catalán, que en 1972 encontró a los sobrevivientes de la «tragedia de los Andes», a sus 91 años de edad.

Inmediatamente se organizó la búsqueda y el rescate. El ejército chileno fotografió los cuerpos y cartografió el área. ​ Un sacerdote católico escuchó las confesiones de los sobrevivientes y les dijo que no estaban condenados por la antropofagia, dada la naturaleza in extremis de su situación de supervivencia.