Una de las constantes de los intelectuales es definir los límites, la frontera, que diferencia al hombre superior de los demás. Por contraposición se define al hombre mediocre.

La naturales humana pone en cada individuo una serie de virtudes que le permitirían captar aquellas cosas que lo elevan por encima de lo común. La carencia de esas virtudes implica mediocridad. Podemos introducir como una primera aproximación que resulta mediocre aquel ser humano al cual la naturaleza no le ha dado las virtudes para sobresalir.

Quien más a buceado en este tema es José Ingenieros que poco menos que en su libro “EL HOMBRE MEDIOCRE” tabuló las especies de hombres carentes de virtudes que le permitan no ser mediocre.

José Ingenieros (nacido como Giuseppe Ingegnieri;1​2​3​ Palermo, 24 de abril de 1877 – Buenos Aires, 31 de octubre de 1925) fue un médico, psiquiatra, psicólogo, criminólogo, farmacéutico, sociólogo, filósofo, masón, teósofo, ​escritor y docente ítaloargentino. Su libro Evolución de las ideas argentinas marcó rumbos en el entendimiento del desarrollo histórico de Argentina como nación. Se destacó por su influencia entre los estudiantes que protagonizaron la Reforma Universitaria de 1918.

Para este estudioso “Existen dos tipos de individuos sociales. El superior y el otro (el mediocre y el inferior). El hombre superior es aquel que se eleva por encima de las determinaciones de la naturaleza y de la sociedad y erige su propio destino. El hombre superior se aferra a una fuerza que él cree trascendente aunque no lo sea: el Ideal.”

La contrapartida de este sujeto social seria el hombre mediocre y el hombre inferior. Estos llegan hasta desdeñar todo lo ideal y todo lo agradable, en nombre de lo inmediatamente provechoso. Su ceguera mental les impídeles comprender el equilibrio supremo entre la elegancia y la fuerza, la belleza y la sabiduría.

Ingenieros no introduce los modernos conceptos de manipulación de masas, la defectuosa educación, ni los problemas derivados de una alimentación deficiente que generan problemas mentales, tampoco podría prever las consecuencias de las drogas.

Agrega en las páginas de su obra «Donde creen descubrir las gracias del cuerpo, la agilidad, la destreza, la flexibilidad, rehúsan los dones del alma: la profundidad, la reflexión, la sabiduría. Borran de la historia que el más sabio y el más virtuoso de los hombres -Sócrates- bailaba.»

Don Quijote podría ser el hombre de los ideales, su compañero Sancho Panza es el arquetipo del hombre mediocre.

Es contundente cuando afirma que «El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos y prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables.» Podemos agregar que “El concepto de la normalidad humana sólo podría ser relativo a determinado ambiente social; ¿serían normales los que mejor “marcan el paso”, los que se alinean con más exactitud en las filas de un convencionalismo social? En este sentido, hombre normal no sería sinónimo de hombre equilibrado, sino de Hombre domesticado; la pasividad no es un equilibrio, no es complicada resultante de energías, sino su ausencia.”