Este hombre inmortal que se convierte en vampiro ha inspirado innumerables películas y obras de literatura. Es por ello que se le rinde un merecido homenaje, por muy sombrío y espeluznante que parezca.

¿Quién no se ha aterrorizado alguna vez por las noches pensando que vendrá un vampiro con sus afilados colmillos a succionar sangre de nuestro cuello, hasta quedarnos secos? 

Drácula o Nosferatu fue un personaje creado por el novelista irlandés Bram Stoker en el año 1897, basado en una figura histórica real.

Stoker basó su novela de terror gótico en el príncipe Vlad III de Valaquia, originario de Rumanía. Tenía el apodo de Vlad El Empalador, debido a que fue muy cruel y despiadado con sus oponentes y las personas que lo traicionaban, torturándolos de las peores formas posibles.

Se estima que hubo más de 100.000 víctimas empaladas en los bosques rumanos. Esto sirvió de inspiración al escritor Stoker para la creación de su gran obra literaria «Drácula», conectando a su personaje protagonista, el Conde Drácula, con el vampirismo.

Esta novela fue publicada el 26 de mayo de 1897. 

Vlad Tepes, o Vlad «el Empalador», en realidad vivió en el siglo XV y fue príncipe de Valaquia, (que junto con Moldavia y Transilvania constituyó el reino de Rumanía).

Es un héroe en su tierra, por la resistencia feroz que opuso al avance de los otomanos. Sin embargo, fue extremadamente cruel con sus enemigos, a los que condenaba a la pena capital de empalamiento. Cuenta la historia, y de hecho hay grabados que lo avalan, que Vlad El Empalador echaba en un cuenco la sangre de sus víctimas y mojaba en ella el pan mientras comía. El término Drácula deriva del rumano «dráculea», que significa «hijo de Drácul», nombre con el que se conocía a su padre, quien integraba la Orden del Dragón, fundada por el rey Segismundo I de Luxemburgo, y cuyo atuendo era una capa negra, luego popularizada en las películas. A su vez, el término rumano «drácul» significa «diablo», pero en sentido que aquí traduciríamos por «fenómeno» o «experto» en algo