La necesidad de contar con algún instituto de investigación agrícola ganadera, llevó al gobernador de la provincia de Santa Fe, Luciano Molinas a crearel «Instituto Experimental de Investigación Agrícola y Ganadera». Esto se registró en el año 1932.

En 1956 el aumento de la actividad agropecuaria aparecía como el único medio eficaz para restablecer el desarrollo económico de la Argentina. La incorporación de tecnología existente y la creación de nuevas tecnologías aumentaría el rendimiento del campo. Como respuesta, la Comisión Conjunta Naciones Unidas/Gobierno Argentino – presidida por el economista argentino y Secretario de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), Raúl Prebisch – recomendó la creación de un instituto específico.

Así nació el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Creado el 4 de diciembre de 1956 por medio del Decreto Ley 21.680/56 con la finalidad de «impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar, con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural». La extensión y la transferencia de tecnología generaron la necesidad de instalar Unidades de Extensión Rural, distribuidas en todo el territorio nacional para atender a los requisitos de los productores del sector.

Mediante la ley de creación se transfirieron al INTA 18 estaciones experimentales creadas en los 40 años anteriores.

El Vocero Presidencial Manuel Adorni anunció un plan de modernización del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, que incluye la venta de edificios y tierras sub utilizadas y la baja de los 227 ingresos registrados el año pasado durante la gestión anterior. «Se terminó el uso de los organismos públicos como máquinas para financiar el despilfarro de la vieja política».