ESCRIBE: DR. MARIO OSCAR BUONO (*)
ARISTOTELES – El razonamiento es una facultad cognitiva que permite a los seres humanos establecer conexiones entre ideas para alcanzar nuevas conclusiones.

Y esto nos pasa cuando usamos la palabra democracia, que como muchas otras, con el uso y las costumbres van tomando otros colores y sabores que, muchas veces, cambian el original. Ya los griegos de la antigüedad, medida de todas las cosas, entendían que el pueblo al ejercer sus opiniones de gobierno en la polis (ciudad) realizaban la DEMOCRACIA.

Decíamos entonces, de alguna manera, que las instituciones no pueden ser tan rígidas que caigan rápidamente en desuetudo (desuso), deben ser los suficientemente flexibles para que el paso ineludible de la evolución de los tiempos permita acomodar los melones en el carro.

Basamos nuestro pensamiento, entonces, en el hecho de que “Romper el status quo deviene necesario para establecer el equilibrio preciso (aunque pueda ser no del todo justo) que permita corregir las asimetrías generadas por la mentira progresista de un “Estado Presente”, que solo aumentó la pobreza, la marginalidad y el imperio del más fuerte reflejado en las calles inseguras.”

Ni Estado Presente, ni Estado Ausente… un Estado que haga lo que debe hacer

Hoy debemos sostener que este “Estado Ausente”, generado por un libertarismo adolescente que insiste en decir que no dijo lo que dijo, mientras aprieta el torniquete sembrando el terror a los cobardes que inmediatamente se adocenan, no modifica el status quo, lo profundiza. El relato por izquierda o por derecha paraliza al ciudadano impidiendo el pensamiento crítico.

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Ahora bien, pensar en esta nueva DEMOCRACIA asusta  a quienes ya tienen aceitada la entrada a los vericuetos de las leyes imperantes. Los abogados en el derecho laboral que aprietan al Pyme del barrio y ceden ante las multinacionales, los “sacapresos” amigos de los “fiscales” y jueces que permiten que asesinos, ladrones y narcos transiten las calles para terror de los ciudadanos que cumplen esas leyes. Los políticos que mantienen sus bancas a pesar de estar condenados, enjuiciados, y sospechados de violencia de género, estafa a la fe pública, enriquecimiento ilícito, etc.

Tal vez democráticamente podamos realizar los aportes necesarios para lograr el difícil equilibrio que permita realizar justicia “dando a cada cual lo suyo”.