Escribe: Dr. Mario Buono
Mientras los antiguos griegos escribían en los frontispicios de sus universidades “TODO EN SU MEDIDA Y ARMONIOSAMENTE”, el fanatismo necesita el “TODO O NADA”.
Los pensadores de los primeros tiempos observaron que la sabiduría nunca aconseja extremar los planteos, los dogmas y las síntesis declamatorias suelen ser irracionales, escapan a los análisis y terminan en violencia para sostener los argumentos.

Acá empieza el tema, ¿la acción o el pensamiento?. Para algunos la acción impone el resultado, para otros eso no conduce a buen puerto. En este punto cobra sentido la frase de los griegos, “todo en su medida y armoniosamente” demasiado pensamiento diluye la acción requerida y pospone las alternativas conducentes. La acción apresurada y sin objetivos claros conducen al caos.

La política, ese arte de conducir los pueblos, montada sobre relatos sin contenidos es demagogia y por lo tanto niega su fin más importante. Pero la pirotecnia de los demagogos suele ser tan encantadora que sus victimas marchan a su desgracia hasta felices. El relato, apoyado en los medios de encantamiento, no permiten pensar en si es posible o no la propuesta y donde terminan sus efectos. Podemos poner en este nicho a quien fuera candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, muy hábil encantador de multitudes.

Los extremos, de derecha o izquierda, sacuden lo racional, porque a diferencia de los demagogos se montan sobre necesidades insatisfechas, utopías, y hasta el terror. Ocurre en lo político, lo social y en lo religioso. Hamás, el grupo terrorista que se afinca en la Franja de Gaza y procura exterminar el mundo judío, ocupa un extremo. Pero no es lo único que podemos poner como ejemplo. En la Argentina en la década de los 70, ideologías infiltraron al peronismo llevándolo a extremos que obligó al mismo Perón a tratarlos como “ESTUPIDOS IMBERBES”. Otro ejemplo de extremo podemos ubicarlo en los jóvenes “patriotas” que en la semana trágica que debió campear Yrigoyen, se dedicaron a perseguir a extranjeros sobre todo judíos en Buenos Aires.

El “todo o nada” que plantean algunos dirigentes nuclea a un lado u otro a un grupo de exaltados que creen, en realidad, que solo se va a cambiar si eliminamos al “otro”. Normalmente esta forma de ver la vida contiene una cuota de odio que lleva a lo irracional. Alguien dijo en este sentido que “la duda es la jactancia de los intelectuales”, el “todo o nada” no permite la duda y por lo tanto elimina lo racional.
El irracional no permite ninguna maniobra lúcida para lograr los objetivos previamente trazados. Toda proyección debe ser lo suficientemente elástica para atender las contingencias que la dinámica social y natural vayan presentando. El pensamiento estancado en creencias retrógradas demoró los avances de la ciencia y negó verdades hoy incontrastables. Los dogmas religiosos antes, como las utopías políticas hoy provocan más dolor y muerte que ninguna otra cosa.


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