La política, ese arte de conducir los pueblos, montada sobre relatos sin contenidos es demagogia y por lo tanto niega su fin más importante.
El “todo o nada” que plantean algunos dirigentes nuclea a un lado u otro a un grupo de exaltados que creen, en realidad, que solo se va a cambiar si eliminamos al “otro”.
Otro ejemplo de extremo podemos ubicarlo en los jóvenes “patriotas” que en la semana trágica que debió campear Yrigoyen, se dedicaron a perseguir a extranjeros sobre todo judíos en Buenos Aires.