El 24 de mayo de 1844, Samuel Morse envió el primer mensaje telegráfico de la historia en una demostración pública de la comunicación a larga distancia. Un hecho sin dudas significativo en la evolución de la humanidad, además de un revolucionario invento tecnológico para la época.

La idea del telégrafo se le ocurrió al pintor estadounidense Samuel Morse un día de 1836, cuando venía de regreso a su país desde Europa al escuchar una conversación entre pasajeros del barco sobre electromagnetismo.

Allí comenzó a investigar sobre el tema y se obsesionó tanto, que vivió y comió durante meses en su estudio de pintura, tal como anotó en su diario personal. A partir de artículos de su estudio como un caballete, un lápiz, piezas de un reloj viejo y un péndulo, Morse fabricó un aparato voluminoso.
El funcionamiento básico era simple: si no había flujo de electricidad, el lápiz dibujaba una línea recta. Cuando había ese flujo, el péndulo oscilaba y en la línea se dibujaba un zigzag. Paulatinamente, Morse introdujo varias mejoras al diseño inicial hasta que finalmente, junto con el maquinista e inventor Alfred Vail, creó el código que lleva su nombre.

Surgió así otro código que puede considerarse binario, pues de la idea inicial se pasó a considerar un carácter formado por tres elementos: punto, raya y espacio. Con la ayuda de placas de contacto y un lápiz especial, que era dirigido por electricidad, las señales podían ser transmitidas por alambres de calidad pobre.
Fuente: El 24 de mayo de 1844 Samuel Morse transmitió el primer mensaje telegráfico


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