El 20 de mayo de 1998 Alfredo Enrique Nallib Yabrán se suicidó con un disparo de escopeta en la estancia San Ignacio, Entre Ríos, en medio de una persecución en su contra tras ser denunciado como autor intelectual del asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, el 25 de enero de 1997 en Pinamar.

Yabrán fue uno de los empresarios más poderosos de la Argentina en la década de los 90. Era dueño de empresas privadas de correo como Ocasa, Andreani, Oca, y también de seguridad y transporte, entre otras.

El nombre de Yabrán era desconocido por gran parte de la sociedad, hasta que en 1995, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, en plena Cámara de Diputados, lo acusó de liderar una mafia beneficiada por la protección política que controlaba la entrada y salida de bienes del país.

La política y el periodismo tenían el ojo puesto sobre el personaje empresarial, que además tenía una fuerte vinculación con el gobierno del entonces presidente Carlos Menem. Hasta ese momento, por alguna razón, él deseaba y había conseguido mantenerse en el anonimato. Lo de Cavallo significó un bombazo que no esperaba y que cambió su destino.

En relación a esto, Yabrán decía que sacarle una foto era como pegarle “un tiro en la cabeza”.

Cabezas era reportero gráfico de la Revista Noticias y, en el verano de 1996, le tocó hacer temporada en Pinamar junto al periodista Gabriel Michi, donde Yabrán veraneaba con su esposa, María Cristina Pérez.

Cuando se libró la orden de detención contra Yabrán, este huyó a uno de sus campos en Entre Ríos, donde había nacido, para esconderse de la ley.

El millonario se refugió en la estancia San Ignacio, de unas 3000 hectáreas, ubicada cerca a la localidad de Aldea San Antonio. En la zona, el empresario contaba con alrededor de 70.000 hectáreas de tierra, que había adquirido por 76 millones de dólares.