El 26 de marzo de 1997, la sociedad estadounidense era testigo de uno de los hechos más escalofriantes de su historia. Hace 25 años se registraba el suicidio colectivo más grande en la historia de los Estados Unidos. La secta Heaven’s Gate realizaba un ritual que llevaría a sus miembros al «siguiente nivel». El ritual implicaba la muerte de todos sus integrantes.

Corría el año 1975, Marshall Applewhite, y su pareja Bonnie Nettles convencieron a sus seguidores de contactar con extraterrestres. En esa idea publicaron avisos de reuniones donde reclutaban discípulos, a los que llamaban «tripulantes». ​

Tal el grado de enajenación, terraplanista a la inversa, en los eventos, pretendían representar a seres de otro planeta, el Siguiente Nivel, que buscaban participantes para un experimento y decían que quienes participaran allí ascenderían a un nivel evolutivo superior.

Ellos se referían a sí mismos como «Guinea» y «Pig» (en español haciendo referencia a «conejillo de indias»). ​Applewhite se describía a sí mismo como un «instructor de laboratorio» y era el orador principal, mientras que Nettles intervenía en ocasiones para clarificar observaciones o para hacer correcciones. ​Ambos hablaban rara vez con los participantes: lo único que hacían era pedirles sus números telefónicos para poder contactarlos. Al principio, nombraron a su organización Anonymous Sexaholics Celibate Church (en español, «Iglesia célibe para erotómanos anónimos»), pero pronto se hizo conocida como Human Individual Metamorphosis (en español, «La metamorfosis individual humana»).

De lo que no hay dudas es que ese día los 39 miembros de la secta Heaven’s Gate querían golpear las puertas del cielo y que para eso se suicidaron.

Pensaban que la llegada a las cercanías de la Tierra del cometa Hale-Bopp – descubierto por los astrónomos apenas dos años antes – era una señal incuestionable de la proximidad del Apocalipsis y un llamado para que pasaran al “siguiente nivel”, donde unos extraterrestres mucho más avanzados que los limitados terráqueos los llevarían a la presencia de Dios.