Un día como hoy pero de 1835 – Una partida al mando de Santos Pérez asesina al Gral. Juan Facundo Quiroga en Barranca Yaco, Córdoba.

El 16 de febrero de 1835, en el paraje cordobés de Barranca Yaco, una partida al mando de Santos Pérez asesinó alevosamente al brigadier general don Juan Facundo Quiroga (nacido en 1788 en San Antonio, un caserío situado al pie de la sierra en La Rioja).
Quiroga era temido y respetado: el valor que había demostrado en todas sus batallas le habían dado el apodo de “Tigre de los llanos”. Su mirada intensa y sus palabras fuertes, hacían que pocos se animaran a pisarle el poncho. En su primer paso por Córdoba, la partida que debía interceptarlo no había podido completarse porque “no se encontraron hombres que se atrevieran a enfrentar al Gral. Quiroga”. Había cuestiones de honor que lo impedían: no era lo mismo matar a un reo que matar a un general.

La vida de este caudillo cuyano fue narrada por Domingo F. Sarmiento en su obra titulada “Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas”, editada en junio de 1845 y traducida a múltiples idiomas. Es importante mencionar que el contexto en el que se produjo “Facundo…” fue en el marco de los cruentos enfrentamientos que se suscitaron entre los bandos de “unitarios” y “federales”que asolaron el territorio nacional. Esto ocurría mientras Juan Manuel de Rosas se encontraba al frente de la Confederación Argentina, y uno de los objetivos de Sarmiento al retratar la biografía del caudillo fue representar aquellas contiendas en los términos de “Civilización” o “Barbarie”.

Muchos querían ver muerto a Quiroga, pero nadie se atrevía a cerrarle el paso, hasta que alguien pudo contra tanto valor, pues la muerte alcanzó a Quiroga en el verano de 1835, en Barranca Yaco, al norte de la provincia de Córdoba. Para ese día, los hermanos Reinafé habían dado instrucciones a Santos Pérez, que salió de su casa de Portezuelo seguido de un puñado de hombres.
Ya sobre la galera que transportaba a Quiroga, alguien le sale al cruce y grita: «¡Alto!». Quiroga asoma la cabeza y ve al jefe de la partida. Allí se cruzaron los caminos de dos hombres valientes. Sin desmontar, Santos Pérez le da un tiro que le revienta el ojo izquierdo, Quiroga muere inmediatamente. Han asesinado al «Tigre de los Llanos».

Ese domingo, en las cuadreras, Santos Pérez, inmutable, oficia de juez de raya entre el lobuno de Urquijo y el rosillo de Bustamante. Días después, busca a Reinafé y le entrega dos pistolas y un poncho de vicuña que habían sido del general. Ha cumplido su parte.
Los restos mortales de Juan Facundo Quiroga inicialmente fueron sepultados en el Cementerio de los Canónigos de la Catedral de Córdoba, pero su esposa solicitó su traslado a la Ciudad de Buenos Aires en donde residía la familia . Fue así que finalmente en 1836 la urna con sus restos fue llevada a la bóveda familiar en el Cementerio de la Recoleta.

Cuándo José Vicente Reinafé terminó su mandato, junto a dos de sus hermanos, fueron enjuiciados en Córdoba y se los declaró a todos inocentes de la muerte del caudillo riojano. No contento con el resultado del tribunal cordobés, Rosas invoca inmediatamente el Pacto Federal y ordena que los hermanos Reinafé, juntamente con los otros conspiradores, fueran llevados a Buenos Aires para ser juzgados.
Luego de un vasto proceso judicial, se los declaró culpables y el 25 de octubre de 1837 José Vicente y Guillermo Reinafé, junto con Santos Pérez y otros diez, fueron colgados en la Plaza de la Victoria. Días antes, José Antonio Reynafé había muerto en la cárcel.


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