Escribe: Dr. MARIO BUONO (*)

La OPS-OMS nos dice que “El suicidio es un problema de salud pública importante pero a menudo descuidado, rodeado de estigmas, mitos y tabúes. Cada caso de suicidio es una tragedia que afecta gravemente no sólo a los individuos, sino también a las familias y las comunidades. Cada año, más de 703.000 personas se quitan la vida tras numerosos intentos de suicidio, lo que corresponde a una muerte cada 40 segundos. Desde que la OMS declaró al COVID-19 como una pandemia en marzo de 2020, más individuos experimentan pérdida, sufrimiento y estrés. Centrarse en la prevención del suicidio es especialmente importante para crear vínculos sociales, promover la toma de conciencia y ofrecer esperanza. Acercarse a los seres queridos por su salud mental y su bienestar podría salvarles la vida.”

Para prevenir el suicidio resulta efectivo abordar las causas y circunstancias a través de psicoterapia.

Sin embargo los gobiernos, no importan las ideologías que digan sustentar, hacen caso omiso a estas advertencias. La comunidades sumidas en cotidianos problemas de sobrevivencia no alcanzan con sus pobres organizaciones sociales para atender los casos que luego se lamentan como perdidas. No se puede saber desde un escritorio el padecimiento cotidiano que surge del analfabetismo, la ignorancia y la escases de recursos materiales básicos. Como en el túnel de un tiempo mentiroso emprendemos el regreso a épocas pretéritas cercanas al neolítico.

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En la provincia de Buenos Aires hace algunos días el trabajo periodístico de Marcela Ojea y Fernando Tocho reveló que en el Gran La Plata el suicidio se consolida como la causal de muerte violenta y evitable número uno. Descubrieron que en el año 2023 hubo al menos 110 personas que se quitaron la vida.

Sin pretender relacionar esta realidad que es parte de la salud mental y que excede este editorial, con aquel slogans del “estado presente” con el que un grupo de facinerosos y vende patria se adueñaron no solo del patrimonio de millones de argentinos sino, lo que es peor, de la esperanza y de los sueños de los que creyeron en el slogan de la “década ganada” y nos terminaron depositando en este presente de frustraciones y desengaños.

Con la falta de compromiso con lo que Alberdi denominaría la base de sustentación del progreso de una Nación, se abandonan todos los ítems de gobernabilidad que puedan atender al problema real del pueblo. La excusa de la auto regulación de los mercados se cae, tal vez por la ineficiencia de los que se dicen libertarios, y asoma con todo el abrumador espanto la falta de sensibilidad de un Estado ausente, que justifica de última el anarco libertarismo que proclama el “presidente incorruptible”.