Dicen las crónicas que entre 1777 y 1812 entraron a los puertos de Buenos Aires y Montevideo 700 barcos con 72 mil esclavos provenientes de África.

En el Retiro, más precisamente en la Plaza San Martín, estuvo la sede de la Compañía del Mar del Sur, una empresa británica que, durante la guerra de sucesión española, había ganado los derechos para transportar esclavos a las colonias del Imperio. La perspectiva de ganancias extraordinarias fue exagerada por sus dueños, crearon una burbuja financiera.

Antes de llegar a estos puertos el 15% de estos esclavos moría en el viaje por las inhumanas condiciones de hacinamiento.

En 1810, Buenos Aires contaba con 40 mil habitantes, de los cuales 12 mil provenían del lejano continente africano.

El primer país sudamericano en declarar la libertad de vientres fue Chile, en 1811 (y su abolición en 1823), mientras que en las Provincias Unidas se declaró el 31 de enero de 1813. En Colombia, se abolió la esclavitud en 1821; Uruguay, en 1828; en 1854 en el Perú; en 1865 en Estados Unidos (después de una feroz guerra civil); en Puerto Rico, en 1873; y en España fue en 1886, dictamen que también se extendió a Cuba, por entonces una colonia española. Brasil lo hizo en 1888.

La libertad de vientres, declarada en 1813 en las Provincias Unidas, dejó a muchos jóvenes hijos de esclavos sin una posibilidad de empleo. Como sus padres continuaban en servidumbre, estos jóvenes tenían escasas oportunidades de desarrollo, razón por la cual uno de los pocos oficios con los que podían vivir era como soldados. San Martín, en la cuesta de Chacabuco, había exclamado: «Pobre mis negros». Y es que una fracción importante de los ejércitos patrios estaba constituida por esclavos libertos.

Cuando se declaró la abolición, en 1853, ya existían muy pocos esclavos y afrodescendientes en el país.