

En los primeros tiempos de nuestra civilización para estas fechas se celebraban fiestas que rendían culto a diversos dioses, algunas cruentas. Con el advenimiento del cristianismo algunas de estas fechas señalaron acontecimientos extraordinarios en las que lo material (Comer, beber y tener relaciones carnales) debieron reconocer la superioridad de los espiritual, la natividad de Cristo y la Epifanía (de reyes) que reemplazó cada fin de año el paganismo.

Sin embargo, tal vez por ese carácter de la naturaleza humana, lo inmediato material tiende a reemplazar los gestos espirituales de reconocer a Dios como fuente de toda razón y justicia.
Lo que la Navidad es para nosotros lo será también para nuestros hijos. ¿Nos estresa? Entonces también estresará a nuestros hijos ¿Nos hace caer en el consumismo desaforado? También nuestros hijos experimentarán la misma sensación ¿Nos acerca al misterio de la Sagrada Familia, que se abre al misterio de Dios hecho hombre? También nuestros hijos descubrirán el verdadero corazón de la fiesta.
Por eso esta navidad viene con mucha carga anímica, espiritual y económica, y hasta en algunos círculos niegan o se burlan de la invocación a LAS FUERZAS DEL CIELO.

Quizá por todo un año de campaña electoral , con cierto grado de violencia entre los candidatos, insultos y menosprecios que terminaron hace pocos días en el balotaje donde el 56% de la ciudadanía opto por un candidato que prometió hacer lo que está haciendo.
Navidad NO ES LA CELEBRACION DE UNA FECHA, SINO DE UN HECHO, el nacimiento del Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la salvación. Es entonces una conmemoración del significado de ese hecho.
Claro una cosa es el decir y otra el hacer, ahora empiezan a aflorar las particularidades de cada sector y de cada ciudadano.
Pero el acontecimiento de la natividad de Cristo, es un acontecimiento espiritual que rebaza los meramente material, el brindis y los abrazos deben reconocer no una simple fiesta orgiástica de comidas y bebidas, sino que, estamos convencidos, es una profunda reconciliación con dios en el hermano.

Por eso creemos que ese abrazo y ese deseo de superación de los problemas y ese acompañamiento en el dolor del semejante deben estar en el centro de la mesa navideña para que el recién nacido nos alumbre con fe esperanza y sobre todo paz.
QUE TENGAN TODOS UNA FELIZ NAVIDAD.

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