Los fragmentos de plástico se encuentran en el agua, aire y alimentos comunes, pero aún no está claro cómo podrían afectar nuestra salud.

La nota de investigación llevada adelante por SARAH GIBBENS (*), informa que “Las pequeñas piezas de plástico que los científicos llaman microplásticos están en todas partes. Se ubican en el fondo del mar, se mezclan con la arena de la playa y viajan con el viento. Y también las tenemos dentro de nuestro organismo.”
Un experimento con humanos arroja que las muestras fecales analizadas contienen microplásticos que fueron consumidos, seguro, sin darse cuenta.

Asustan los estudios que indican que es posible que las personas consuman entre 39.000 y 52.000 partículas microplásticas al año. Si sumamos la cantidad de microplásticos que se pueden inhalar, el número estimado sería de más de 74.000.
Los microplásticos se encuentran en cerveza, sal, mariscos, azúcar, alcohol y miel, entre otros. Para calcular la frecuencia con la que una persona ingeriría estos artículos en un año, el estudio examinó las recomendaciones hechas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

El equipo de investigación, que estamos siguiendo, también observó estudios que analizaron la cantidad de microplásticos en el agua potable y el aire. Según indicaban estos, las personas que cumplen con la ingesta de agua recomendada con agua del grifo ingieren 4.000 partículas de plástico adicionales cada año, mientras que los que beben solo agua embotellada ingieren 90.000 partículas más.
¿CUÁLES SON LOS EFECTOS EN LA SALUD?
Los científicos aún no están muy seguros de la cantidad de microplásticos que un cuerpo puede tolerar o del daño que pueden hacen. En 2017, un estudio de King’s College en Londres planteó la hipótesis de que, con el tiempo, el efecto acumulativo de la ingesta de plástico podría ser tóxico.

Lo cierto es que existen diferentes tipos de plástico con diferentes propiedades tóxicas. Algunos están fabricados con productos químicos tóxicos como el cloro, mientras que otros recogen restos de productos químicos como el plomo que se encuentra en el medio ambiente. La acumulación de estas toxinas, con el tiempo, podría afectar el sistema inmunológico.

Somos victimas de los adelantos tecnológicos e industriales ya que entre las investigaciones que se revisaron, las microfibras fueron, por lejos, el tipo de plástico más frecuente. Las microfibras se desprenden de textiles como el nylon y el poliéster y suelen entrar al ecosistema a través las aguas residuales de las lavadoras.
«No habíamos considerado que nosotros mismos podemos ser víctimas potenciales de la contaminación plástica, pero lo cierto es que lo somos».
(*) SARAH GIBBENS (clic para ver)



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