Un 11 de abril de 1963 – Se publica la encíclica «Pacem in Terris» Paz en la Tierra del papa Juan XXIII.
CONTEXTO.
Hablar de la Pacem in Terris es hablar de los Derechos del Hombre. Como antecedente podemos mencionar que el 26 de agosto de 1789 la Revolución Francesa condujo a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Se inspiraba en la declaración norteamericana, que encarnaba en el siglo XIX los ideales liberales de la sociedad. Pío XII se preocupó durante la Segunda Guerra Mundial de la reconstrucción y desarrollo de los pueblos. 1963 era el año en que se celebraba el Concilio Vaticano II. Las Naciones Unidas, la UNESCO, la Liga de los derechos del hombre y otros organismos se habían consagrado a la búsqueda de una defensa de la paz, en beneficio de todos los seres humanos sin distinciones discriminatorias. SS. Juan XXIII escribe este documento que pudiera servir a todos los hombres de buena voluntad en la constitución orgánica de los Estados y de sus relaciones internacionales.

CONTENIDO.
Apoyándose en la razón y la ley natural, SS. Juan XXIII esboza una lista de derechos y deberes que deben observar tanto los individuos como las autoridades públicas, los gobiernos nacionales y la comunidad mundial. La paz exige la observancia del orden querido por Dios. Este orden ha de reconocer ante todo las leyes que impone la naturaleza del hombre en las que se descubren los planes de Dios. El punto de partida y fundamento de toda ley humana, arranca de la personalidad natural y dignidad natural del hombre, dotado de derechos y de deberes. Dignidad acrecentada por la luz de la Revelación Cristiana.
Así pues, la encíclica habla de las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos y de las relaciones que deben de existir entre los Estados. La encíclica se dirige a todos los hombres de buena voluntad. Afirma que la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden establecido por Dios. Esta verdad es la que obliga a todos los seres humanos a respetar a sus semejantes, además de dignificar el mundo de trabajo, a poner especial atención en la actuación de la mujer en la vida pública.

Considera que las relaciones internacionales son consideradas bajo la misma óptica de la persona, es decir, deberán regirse por la ley moral, por la verdad, la justicia y el respeto. El Papa exhorta a todos a luchar por reconstruir todas las formas de convivencia en la tierra. Conjuntar amor y libertad, es tarea ardua pero nobilísima, pero vale la pena por el bien de todos. A esta labor se llama a todos los hombre de buena voluntad.
ACTUALIDAD.
¿Qué ofrece Pacem in Terris a los hombres de hoy?, Y como empresario, ¿Qué me aporta? Aceptar a Dios que asegura el fundamento, el fin y la garantía de todo orden en el mundo y entre los hombres. Por tanto, también en la empresa. El respeto a la vida humana incipiente y terminal, la relación solidaria y subsidiaria entre naciones, la construcción de una sociedad a la medida de la persona, siguen teniendo la misma vigencia que 1963.¿No se habrá aumentado la urgencia hoy que algunos Estados intervienen en otros estados de una manera letal?

Pacem in Terris nos sugiere criterios de acción y dirección a todos, incluso a los no cristianos. Es una clara exhortación a vivir bajo el amparo de la paz. La actualidad de vivir este concepto se ve en los escándalos políticos de nuestro país en que se ven implicados algunos empresarios. En la empresa y en su entorno hay conflictos que no siempre se resuelven en paz. Y no habrá paz y justicia, sino hay paz en las familias y en la empresa. Estás son las células de la vida económica y de la vida social de un país y del mundo.
INTRODUCCIÓN
El orden en el universo
1. La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.

2. El progreso científico y los adelantos técnicos enseñan claramente que en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intrínseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adueñarse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio.
3. Pero el progreso científico y los adelantos técnicos lo primero que demuestran es la grandeza infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre. Dios hizo de la nada el universo, y en él derramó los tesoros de su sabiduría y de su bondad, por lo cual el salmista alaba a Dios en un pasaje con estas palabras: ¡Oh Yahvé, Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la tierra!. Y en otro texto dice: ¡Cuántas son tus obras, oh Señor, cuán sabiamente ordenadas! De igual manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dotándole de inteligencia y libertad, y le constituyó señor del universo, como el mismo salmista declara con esta sentencia: Has hecho al hombre poco menor que los ángeles, le has coronado de gloria y de honor. Le diste el señorío sobre las obras de tus manos. Todo lo has puesto debajo de sus pies.
4. Resulta, sin embargo, sorprendente el contraste que con este orden maravilloso del universo ofrece el desorden que reina entre los individuos y entre los pueblos. Parece como si las relaciones que entre ellos existen no pudieran regirse más que por la fuerza.

5. Sin embargo, en lo más íntimo del ser humano, el Creador ha impreso un orden que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente. Los hombres muestran que los preceptos de la ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia. Por otra parte, ¿cómo podría ser de otro modo? Todas las obras de Dios son, en efecto, reflejo de su infinita sabiduría, y reflejo tanto más luminoso cuanto mayor es el grado absoluto de perfección de que gozan.
6. Pero una opinión equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, siendo así que tales leyes son de otro género y hay que buscarlas solamente allí donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre.
7. Son, en efecto, estas leyes las que enseñan claramente a los hombres, primero, cómo deben regular sus mutuas relaciones en la convivencia humana; segundo, cómo deben ordenarse las relaciones de los ciudadanos con las autoridades públicas de cada Estado; tercero, cómo deben relacionarse entre sí los Estados; finalmente, cómo deben coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de otra, la comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constitución es una exigencia urgente del bien común universal.

I. ORDENACIÓN DE LAS RELACIONES CIVILES
8. Hemos de hablar primeramente del orden que debe regir entre los hombres.
La persona humana, sujeto de derechos y deberes
9. En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto.
10. Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna.
1. La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.
Los derechos del hombre
Derecho a la existencia y a un decoroso nivel de vida
11. Puestos a desarrollar, en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento.


Comentarios recientes