
La palabra democracia, como muchas otras, con el uso y las costumbres van tomando otros colores y sabores que cambian el original. Ya los griegos de la antigüedad, medida de todas las cosas, entendían que el pueblo al ejercer sus opiniones de gobierno en la polis (ciudad) realizaban la DEMOCRACIA.

Muchos siglos pasaron, reinos, imperios, emperadores, tiranos, hasta que los franceses revolucionaron al mundo con aquello de “igualdad, libertad y fraternidad” y sin lograr imponer la DEMOCRACIA, cambiaron los conceptos sobre las formas de gobierno.
Ese pensamiento algo brumoso aún, fue modelando a nuestros proceres fundadores y en 1853 se plasma en una Constitución que curiosamente no habla de democracia, pero si de representación gubernativa.

Desde algunas mentes, más claras de la que quien escribe, se sujeta la DEMOCRACIA a formas de cumplimiento casi ineludibles. De esto escuchamos mucho a quienes pudimos seguir el debate por la Ley Omnibus. Sobre todo al mencionarse el tema de la delegación de facultades al presidente de la Nación. ¿Es democrático delegar funciones de un Poder del Estado a otro Poder? Mucha tinta correrá por innumerables aportes cerebrosos. (Perdón por el neologismo).
Tal vez democráticamente podamos realizar los aportes necesarios para lograr el difícil equilibrio que permita realizar justicia “dando a cada cual lo suyo”.
La experiencia de El Salvador con Nayib Bukele, indica que esa DEMOCRACIA anquilosada, adocenada, infiltrada por mil intereses, no alcanza ya para responder a las urgencias de una sociedad hiperdinámica y globalizada. La realidad, única verdad a tener en cuenta, impone nuevas miradas y nuevos procesos de pensamientos. El status quo, podrá sacudirse pero tendrá que reconocer que aplicar categorías del siglo XIX en pleno siglo XXI es un capricho difícil de sostener.

La DEMOCRACIA de El Salvador tiene reglas, como acá y en todas partes, que Bukele perforó con una salida, legal pero tildada de “dudosa” y “antidemocrática”, sin embargo el pueblo (DEMOS) lo reeligió con el 85% de los votos. Su licencia, que interrumpió su mandato impediente para su reelección, fue objeto de todo tipo de críticas, pero su pueblo lo avaló y entonces el concepto de DEMOCRACIA deberá ser “recalculado”.
El Congreso de El Salvador otorgó a Bukele una licencia de seis meses para buscar la reelección inmediata
El organismo designó a Claudia Juana Rodríguez de Guevara, la secretaria privada del mandatario, como “presidenta encargada de la república”
Dentro de la concepción de Javier Milei también sobrevuela esa forma de ver la realidad actual, para aquellos que privilegian las formas por sobre los contenidos, malversando la fe pública va la calificación de CASTA.
Romper el status quo deviene necesario para establecer el equilibrio preciso (aunque pueda ser no del todo justo) que permita corregir las asimetrías generadas por la mentira progresista de un “Estado Presente”, que solo aumentó la pobreza, la marginalidad y el imperio del más fuerte reflejado en las calles inseguras.

Pensar en esta nueva DEMOCRACIA asusta a quienes ya tienen aceitada la entrada a los vericuetos de las leyes imperantes. Los abogados en el derecho laboral que aprietan al Pyme del barrio y ceden ante las multinacionales, los “sacapresos” amigos de los “fiscales” y jueces que permiten que asesinos, ladrones y narcos transiten las calles para terror de los ciudadanos que cumplen esas leyes. Los políticos que mantienen sus bancas a pesar de estar condenados, enjuiciados, y sospechados de violencia de género, estafa a la fe pública, enriquecimiento ilícito, etc.
Tal vez democráticamente podamos realizar los aportes necesarios para lograr el difícil equilibrio que permita realizar justicia “dando a cada cual lo suyo”.


Comentarios recientes