El 26 de diciembre de 1953 se realiza en París el primer trasplante de riñón de un donante vivo bajo la dirección del cirujano francés Jean Hamburger.

ANTECEDENTES
El principal acontecimiento, aislado y muy poco difundido, fue protagonizado por el cirujano ucraniano Woronoy que en 1933 trasplantó un riñón procedente de un donante muerto a consecuencia de un traumatismo craneal. Fue colocado a un enfermo con IRA secundaria a una intoxicación por mercurio. El grupo sanguíneo del donante era B, mientras que el del receptor era O. El tiempo de isquemia caliente fue de unas seis horas y el riñón fue implantado bajo anestesia local en la ingle del receptor. Es evidente a la luz de los conocimientos actuales la inviabilidad de este trasplante contra grupo sanguíneo y con un tiempo de isquemia caliente extremadamente prolongado.

Otros experimentos similares fueron mostrando a los científicos que no era posible ningún nuevo trasplante sin disminuir o anular la reactividad natural frente a los antígenos de histocompatibilidad
En 1947 Jean Hamburger había publicarlo un artículo donde planteaba el modo de acción para lograr un trasplante renal con éxito y posteriormente se pudo comprobar todo lo que había anunciado. Efectivamente.

El 26 de diciembre de 1953, realizó el primer trasplante de madre a hijo, que funcionó durante 22 días demostrando como el parentesco genético podía favorecer la tolerancia al injerto y, por tanto, su supervivencia.
En la Navidad de 1954, se realizó el que puede ser primer trasplante renal de donante vivo con éxito. Fue en el Peter Bent Brigham Hospital de Boston, donde el equipo de Murray, Merryl y Harrison realizó un trasplante entre una pareja de gemelos univitelinos de 23 años.

PEQUEÑA HISTORIA DE AMOR
La audaz operación le fue realizada a Richard Herrick, un joven de 24 años que había ingresado por vez primera a finales de octubre de 1954 con el diagnóstico de nefritis crónica. Con agilidad se supo del mal pronóstico de su afección y el destino vaticinado era el del sufrimiento y de una muerte prematura.

Posiblemente Ronald, su hermano gemelo, fue el espectador más cercano que percibió con angustia cómo las energías de Richard se doblegaban ante la enfermedad. Él, que estaba sano, se brindó para hacer algo extraordinario, inesperado para aquellos tiempos: donar uno de sus riñones.
Esta acción se recoge en la historia de la medicina como la primera vez que una persona saludable se sometía por voluntad propia a una operación de gran magnitud sin obtener otro beneficio que no fuera la satisfacción de poder salvar a otro ser humano. Era algo que ocurría cuando estaban por usarse los medicamentos inmunosupresores para evitar el rechazo al órgano transplantado.


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