De formas más visibles, a veces de manera subterránea, los principios filosóficos precedieron a los grandes cambios de la humanidad. Tal vez, la idea, en manos de ejecutores apropiados encausa los nuevos derroteros que los hombres suelen adoptar como propios

Cada paso de la historia de la humanidad tuvo exponentes que analizaron de alguna manera la realidad que circunscribía a la comunidad y despertaron nuevas formas para modificar esa situación en favor de nuevas reglas. Tal vez el exponente clásico sea Maquiavelo que con su “El Príncipe” encaminó la política moderna.

Nicolás Maquiavelo es un representante de la época del Renacimiento y actualmente es recordado por sus contribuciones a la filosofía. Principalmente, a la filosofía política. Se le suele identificar en la tradición del realismo político, que después se identificaría como la realpolitik.
Occidente aún discute los principios observados por Aristóteles, los que revoluciones, cientos de años después, usaron para justificar sus razones.
Tal vez, los status quo, a los que llegan todas las sociedades, habilitan a pensar revoluciones que permitan, como dijo el estadista, “cabalgar sobre la evolución de los tiempos”

Hoy, siglo XXI, remontarnos a los griegos y sus propuestas puede resultar complejo y pesado teniendo en cuenta algunos planteos sociales y filosóficos pos-modernos de esta sociedad líquida a los ojos de Bauman.
Por lo tanto, y con la licencia del caso, tomamos el siglo XVI como partida de estas reflexiones. Algunos historiadores ubican en este siglo el insipiente liberalismo, que comenzó como una doctrina general y un esfuerzo político en respuesta a las guerras religiosas establecidas en Europa, aunque el contexto histórico de la ascendencia del liberalismo se remonta a la Edad Media.
Las guerras de religión en Europa se sucedieron desde 1524 hasta aproximadamente 1697, con el inicio de la Reforma protestante en la Europa Occidental y el norte de Europa. Aunque a veces no guardaban relación entre sí, todas las guerras estaban fuertemente influidas por los cambios religiosos que ocurrieron durante este período y el conflicto y la rivalidad a los que dieron lugar.
La mezcla de intereses económicos se apoyó en los cambios que filósofos y pensadores esbozaron ante los evidentes desastres incontenibles por el régimen católico en franca decadencia.
Así encontramos a John Locke (Wrington, Somerset, 29 de agosto de 1632-Essex, 28 de octubre de 1704) quien fuera un filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del empirismo inglés y conocido como el «Padre del Liberalismo Clásico».

Se entiende que su trabajo afectó en gran medida el desarrollo de la epistemología y la filosofía política. Sus escritos influyeron en Voltaire y Rousseau, pensadores de la Ilustración francesa, así como los revolucionarios estadounidenses. Sus contribuciones al republicanismo clásico y la teoría liberal se reflejan en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Declaración de Derechos. Es citado por los historiadores como una de las influencias primarias, incluso fue descrito por Jefferson como uno «de los tres hombres más grandes que hayan vivido».

Locke considera que es la sociedad en la que se apoya la soberanía, al tiempo que defiende la separación del poder legislativo y ejecutivo (monarca y parlamento), así como la libertad religiosa y la primacía de los derechos del individuo sobre los del colectivo, establece que la propiedad privada, la libertad, la vida y la búsqueda de la felicidad son derechos inalienables del hombre: no le pueden ser negados. Es muy interesante, por lo que implica, que sostenga que los hombres se reúnen en sociedades con el fin de asegurarse una serie de derechos fundamentales que no existen en la naturaleza. A cambio, renuncian a uno solo de ellos: el derecho a tomarse la justicia por su mano, que queda en manos del estado como garante de todos los demás derechos del ciudadano.
Mientras que los racionalistas establecen un modelo de conocimiento deductivo (que va de lo general a lo particular), Locke y los empiristas apuestan por un modelo inductivo: sólo a través de la experimentación de casos particulares podemos extraer una enseñanza general.

Pero este modo de ver las cosas no fue pacífico, contemporáneos, no menos resonantes dieron sustento a otras teorías, como en el “Leviatan” de Hobbes. Que concluye que por el estado de naturaleza el hombre necesita un poder centralizado (la dictadura del monarca) que lo enderece en sus intereses.
De ambas posturas derivan múltiples expresiones que además se enfrentan con la aparición durante el siglo XIX (1848) del “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels.
Para curiosos y entusiastas se brinda la siguiente bibliografía:
*.- Maquivelo EL FILÓSOFO DE LOS PODEROSOS
*.- LA MODERNIDAD LÍQUIDA “El propósito principal de Modernidad líquida es tratar de responder a estas preguntas, una tarea nada fácil. Zygmunt Bauman realiza un valioso análisis sociológico. Uno de los puntos relevantes del texto es que nos encontramos ante la disolución del sentido de pertenencia social del ser humano para dar paso a una marcada individualidad. Cuando el ser humano tiene posibilidades reales de ser independiente, la sociedad ya no es aquella suma de individualidades sino el conjunto de las mismas.”
*.- “Locke: el conocimiento parte de la experiencia”
*.- “Guerras de religión en Europa”
*.- Declaración de Independencia de Norteamérica


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