Dr. Mario Oscar Buono (*)

En medio del tumulto que avizoraba un próximo motín, Rodrigo de Triana gritó ¡TIERRA!, todos los tripulantes de la Santa María se asomaron para observar el horizonte esperado… “Las Indias”, desde el puente de mando Cristóbal Colón celebró sus afirmaciones, la tierra era redonda y no plana y viajando al oeste se llega a las sedas y las especias que tanto necesitaba Europa.

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América
1862. Óleo sobre lienzo, 330 x 545 cm
Museo del Prado

Junto a la Pinta y la Niña navegaron por más de treinta y seis días, y arribaron la madrugada del 12 de octubre de 1492 a lo que actualmente es San Salvador (Guanahani).

La España, reconquistada a los árabes invasores por los Reyes Católicos, se enseñorea ante los otros países como Inglaterra, Portugal, Holanda, Francia. La teoría expuesta por el navegante genovés Cristóbal Colón a la Reina Isabel (La Católica) resulta cierta, entonces creyeron que ya no se necesitaba exponerse más en las fatigosas caravanas cruzando el medio oriente para llegar a las Indias.

La obra representa el momento en que Boadbil, que fue el último rey nazarí de Granada, rindió la ciudad de Granada en 1492 y entregó las llaves de la misma a los Reyes Católicos

Claro, todavía no se sabía que América era un nuevo continente que se interponía con el oriente conocido.

Los hechos históricos innegables, certifican el comienzo de una conquista diferente. Los pueblos que se encontraron, extraños, paganos, y muchas veces belicosos, tenían que ser evangelizados, domesticados y, lamentablemente, explotados.

Las valoraciones expuestas por estos pueblos no coincidían para nada con las ambiciones que motivaban a los “segundones” que se embarcaron en la conquista. Las riquezas que vieron, y las que se imaginaron con “El Dorado” los transformaron en intrépidos dispuestos a morir (y por supuesto a matar) por el oro y la plata.

Este lado de la conquista española no se puede ignorar, la espada le asignaba un aspecto muchas veces cruel, innecesario.

Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 o 1484 – Madrid, 18 de julio de 1566) fue un abogado, fraile dominico, sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y encomendero español del siglo XVI, famoso por sus polémicos escritos en los que denuncia los crímenes cometidos por algunos conquistadores españoles contra los pueblos indígenas americanos.

Pero no todos venían con ese signo, hubo otros que realmente tenían como propósito la evangelización, tal vez sin método, tal vez ignorando las diferencias, pero que en el resultado final implantó aspectos culturales que aún hoy sostenemos como valores de vida.

Y esos valores, que permitieron el sincretismo y renovar costumbres, hicieron en cada región de América un mojón particular que en la guerra por la Independencia se vieron con total pasión.

No podemos olvidar a Moctezuma, a Tupac Amarú, tampoco a Fray Bartolomé de las Casas ni al Inca Garcilaso de la Vega.

Inca Garcilaso de la Vega (Cusco, 12 de abril de 1539-Córdoba, España, 23 de abril de 1616), nacido como Gómez Suárez de Figueroa, fue un escritor, historiador y militar nacido en el actual territorio del Perú, que entonces era parte del imperio español. Se le considera como el primer mestizo cultural de América que supo asumir y conciliar sus dos herencias culturales: la inca y la española. Denunció la muerte de Tupac Amarú y fue prohibido.

La América hispánica, desde Méjico hasta Las Malvinas, no tiene comparación con los pueblos que a lo largo de estos 500 años fueron depositándose en su geografía. Vinieron los españoles y se acriollaron, vinieron los ingleses (no piratas) y alzaron sus armas en defensa de América, vinieron los judíos y se hicieron gauchos, los italianos y los alemanes lo mismo, y también desde África y Asia llegaron sirios, libaneses, turcos.

La segunda guerra (1945) detonó hacia América inmigrantes que trajeron sus saberes y se amalgamaron con el habitante de nuestra tierra y sus costumbres. También se amalgamaron los valores morales que nos dieron nuestra identidad. Ser americano (argentino, chileno, peruano, boliviano, uruguayo, paraguayo, etc) conlleva valoraciones que nos diferencia de sajones, chinos, musulmanes.

En la batalla cultural que, (desde nuestros pensadores propios: Jauretche, Marechal, Scalabrini Ortiz,etc.) venimos dando no caben retóricas de fuga. Estar atentos a la verdadera historia de la conquista de la América (hispánica) con sus más y sus menos, nos coloca en el cenit de una civilización que tiene, en los próximos 500 años, mucho para darle a la humanidad sin necesidad de mendigar indulgencias que siempre resultan castigos inmerecidos para los hombres de buena voluntad que adoptan América como su PATRIA.