El mismo día en un lapso de 5 años los militares en el poder de forma inconstitucional (de facto) se suceden para continuar con el mal denominado Proceso de Reorganizacion Nacional.

El 29 de marzo de 1976, a días del golpe de Estado que derroca al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, Jorge Rafael Videla asume como primer presidente de la dictadura cívico-militar.
Su paso por la presidencia, instigado por ideas religiosas e intereses mundanos es, tal vez, el más sangriento. En un reportaje, ya en la cárcel, dice “Pongamos que eran siete mil y ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión; no podíamos fusilarlas. Tampoco podíamos llevarlas ante la justicia”.

De acuerdo con sus dichos, los generales llegaron al 24 de marzo de 1976 con un consenso básico: tenían que matar a todas las personas que ellos consideraban “irrecuperables”. Podemos agregar que esos “irrecuperables” eran los que se oponían a la dictadura y al golpe de estado.

Fue reemplazado, por agotamiento de su gestión, también un 29 de marzo de 1981. Las crónicas nos dicen que, para marzo de 1981, la dictadura autodenominada con el pretencioso nombre de Proceso de Reorganización Nacional había cumplido buena parte de la misión que se había propuesto cinco años antes, al tomar el poder luego de derrocar al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

Con las políticas de José Alfredo Martínez de Hoz, buena parte de la industria nacional estaba devastada y su participación en el PBI se había reducido al 15, y el salario real había caído en un 40% en tanto la desocupación amenazaba con triplicarse en relación con la de 1975.

En un clima tenso Jorge Rafael Videla, le cedió su sillón en la Casa Rosada a otro general del Ejército, Roberto Eduardo Viola, cuyo mandato duraría menos de nueve meses.
“EL QUE APUESTA AL DÓLAR PIERDE”.
Roberto Eduardo Viola tenía 56 años cuando reemplazó a Videla. Para entonces, el plan económico anunciado en 1976 por el ministro de Economía Martínez de Hoz hacía agua por todos lados.

Las consignas del nuevo mandato, de la mano del economista Lorenzo Sigaut, fueron “el que apuesta al dólar pierde”, a ello se sumó la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) realizada en 1979 que había confirmado las denuncias por crímenes de lesa humanidad perpetradas por los militares en el poder y la imagen internacional de la dictadura se venía cayendo a pedazos.


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