
Por Martín Pellegrino (*)
Decir que es “una pelotudez del tamaño de una casa” afirmar que los argentinos no llegan a fin de mes no es una simple expresión desafortunada. Es descalificar una realidad que millones de personas enfrentan todos los días. Y los propios números oficiales contradicen ese discurso.
Según el INDEC, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población en el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia llegó al 7,5%. La desocupación, por su parte, trepó al 7,9%. En septiembre, los precios volvieron a aumentar un 1,9%. Porque una inflación más baja no significa que las cosas cuesten menos ni que el sueldo alcance para vivir mejor.

Detrás de esas cifras hay familias que no llegan a fin de mes, trabajadores golpeados por la crisis salarial y largas filas de jóvenes, adultos y jubilados que se presentan cada vez que aparece una oferta laboral. Personas que buscan una oportunidad para salir adelante. ¿Cómo puede considerarse una exageración una realidad que los propios indicadores oficiales reflejan?

La crisis también golpea a la clase media, a los comerciantes y a las pymes. Cuando alguien necesita dos trabajos para vivir, una familia se endeuda para pagar lo básico o un comerciante no puede sostener su negocio, algo está fallando.
Creo en la cultura del trabajo y en el esfuerzo, pero ese esfuerzo tiene que tener sentido. Trabajar tiene que servir para construir un futuro, no convertirse en una carrera interminable para apenas sostener el presente.

Pero la responsabilidad no es solamente del Gobierno. Mientras desde el poder se minimizan las dificultades de la gente, sectores de la oposición siguen atrapados en internas, disputas de liderazgo y peleas por candidaturas. Quienes aspiran a representar a la sociedad también tienen el deber de dejar de mirarse hacia adentro y ofrecer respuestas concretas.
La política tiene un deber moral: actuar con empatía, escuchar sin descalificar y hacerle la vida menos complicada a las personas. La credibilidad de la dirigencia no se recupera con discursos ni disputas de poder, sino con hechos y soluciones concretas. Porque llegar a fin de mes no debería ser una hazaña, trabajar no debería condenar a sobrevivir y conseguir empleo no debería convertirse en una carrera desesperada.
La política tiene sentido cuando mejora la vida de la gente y esa mejora es sostenible en el tiempo; todo lo demás es perder de vista para qué fuimos elegidos.
(*) MARTIN PELLEGRINO Concejal bloque UNION POR TODOS en el HCD Ezeiza.


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