El 3 de febrero de 1958, por gestión de Victoria Ocampo, se crea en Argentina el Fondo Nacional de las Artes.

El Fondo Nacional de las Artes (FNA) –que hoy depende del Ministerio de Cultura de la Nación– fue fundado el 3 de febrero de 1958, a través de un decreto-ley. Una de sus promotoras fue Victoria Ocampo, tal vez la escritora más relevante de su época, mecenas también y dueña de una personalidad avasallante que entendía que las artes son esenciales para nuestra identidad.

A lo largo de su historia, músicos, artistas, actores, cineastas, fotógrafos, escritores, bailarines, artesanos, arquitectos y diseñadores de todo el país encontraron una institución que los alienta a seguir sus sueños y, en el camino, fortalecer nuestra identidad.

Su primera sede fue apenas uno de los salones del edificio de la entonces Secretaría de Cultura de la Nación, ubicado en la suntuosa avenida Alvear de la ciudad de Buenos Aires. Y solo contaba con una secretaria como todo personal administrativo.

Con el tiempo su influencia fue creciendo, ocupó alguna otra sede más hasta llegar hasta el edificio propio en la calle Alsina 673. Todavía se pueden ver en él, las intervenciones que hizo el arquitecto Clorinda Testa para su remodelación.

Desde su inició fue una institución precursora y un ejemplo a seguir en el mundo. Recién en 1965 se crea un organismo similar, el National Endowment of the Arts en Estados Unidos, que fue seguido por el Fondo Internacional para la Promoción de la Cultura de la Unesco, en 1974, y la Fundación Nacional de Arte de Brasil (FUNARTE), en 1976, entre otros.

Más de seis décadas después, en un año tan crítico como fue el 2020, el Fondo Nacional de las Artes tuvo un rol transcendente para la comunidad artística a través de los programas Becas Sostener Cultura I y II, entre otras iniciativas. Una prueba más de su vigencia e importancia para sostener a nuestros artistas y fortalecer así nuestra identidad.

La intervención de Milei, a través del decreto 1029/24, lejos de representar un impulso para el arte y la cultura, las reformas que introduce parecen apuntar hacia el desfinanciamiento del sector público, dejando a la creatividad nacional al arbitrio de intereses privados y alejándose de su rol inclusivo y accesible. Para el anarco-libertarismo la cultura no importa.