El 25 de junio de 1984 – Muere Michel Foucault, filósofo francés.

Fue Historiador, psicólogo, filósofo y sociólogo, reconocido mundialmente por analizar el sistema de los manicomios, las cárceles, la psiquiatría, y ofrecer diversos estudios acerca de la sexualidad humana. Reconociendose homosexual, sufrió muchísimo las presiones de la época.
La Historia de la locura lo convierte en el pensador de moda en el medio intelectual francés. El diario Le Monde lo califica como un «intelectual absoluto, fuera del tiempo».
En los años sesenta, Foucault estuvo asociado al estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante para dedicarse al ateísmo y la filosofía continental.
Sus maestros (Maurice Merleau-Ponty, Georges Dumézil, Louis Althusser, Jean Hyppolite, Georges Canguilhem) creyeron, desde que lo conocieron, que era «la promesa de su generación».
Sus obras más reconocidas fueron “Las palabras y las cosas” publicadas en 1966, “la Arqueología del Saber”, de 1969 y “Vigilar y Castigar” editado en 1975.
En tanto, su libro “Historia de la sexualidad”, fue realizado en 4 volúmenes, tres de ellos desde 1976 hasta 1984 y el cuarto fue una edición post mortem en 2018.
La teoría de Foucault analiza, como dijimos, los micropoderes que circulan en el orden social. Por ello, el pensador francés afirma que todo saber implica poder y todo poder, un saber específico. En otras palabras, todo discurso está atravesado por relaciones inherentes de poder.
A partir de este pensamiento, ofrece el término BÍOPOLÍTICA, un concepto utilizado para identificar una forma de ejercer el poder sobre la vida de los individuos.

Para Foucault, la lucha contra el sistema capitalista se transforma en una lucha contra las diversas formas de dominación en las relaciones sociales, los diversos micropoderes que se hallan en las instituciones (hospitales, escuelas, manicomios, cárceles) y que permiten la perpetuación de los mecanismos de dominación gubernamental. En esta idea, existen diversos mecanismos de disciplinamiento de la sociedad, variados discursos y prácticas que imponen a los individuos cómo pensar, qué decir, cómo actuar y cuándo hablar.
Deviene necesario meditar sobre que la política, como poder circulante que atraviesa todos los discursos y prácticas, se encuentra en todas partes y nunca puede desaparecer por completo. En pocas palabras, todo es político. En ese sentido, siempre habrá resistencia y, por tanto, lucha y confrontación.
Decimos, entonces, que es una verdad probada que uno es igual a uno mismo, del mismo modo que decimos que la ley de gravedad lleva de manera inevitable los objetos al suelo, o que existen leyes objetivas que determinan la oferta y la demanda en un punto de equilibrio, tal como señala el paradigma neoclásico de teóricos como Vilfredo Pareto y Leon Walras y sus continuadores neoliberales Friedrich Hayek y Milton Friedman.
En cuanto a la sexualidad se abocó en demostrar que la libertad “lograda” es un dispositivo falso, y que lo importante, es controlar nuestros propios cuerpos y deseos.
Desde muy niño el filósofo conoció el sufrimiento. Se sabía diferente y su entorno le demostraba de mil maneras que eso no estaba bien. Criado en un hogar en el que la fuerte tradición católica de la rama paterna regía hasta los mínimos detalles de la vida cotidiana, miembro de la puritana clase media provincial de las décadas del 30 y del 40, el muchachito había descubierto que, a diferencia de lo que decían la mayoría de sus compañeros, él se sentía atraído por los varones. Ese descubrimiento se volvió una tortura: no sabía qué hacer, a quién recurrir, cómo vivir.


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