ALDO RICO Y LOS CARAPINTADAS

Se conoce como «Semana Santa de 1987» a una sublevación de miembros del Ejército Argentino bajo la conducción del teniente coronel Aldo Rico, durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

Fue el primero de un total de cuatro levantamientos «carapintadas», como se los conoció.​ Los sublevados exigían una amnistía que impidiera el enjuiciamiento de aquellos que habían cometido crímenes de lesa humanidad durante el régimen de terrorismo de Estado que había gobernado el país entre 1976 y 1983.

Durante los cuatro días que duró la crisis, (el 19 de abril Alfonsín pudo decir “la casa está en orden”), las Fuerzas Armadas mostraron que no estaban dispuestas a obedecer órdenes del gobierno constitucional para reprimir a los militares sublevados. En contraposición, millones de personas salieron a la calle en las ciudades argentinas, decididas a enfrentar el levantamiento y defender la democracia, mientras que todos los partidos políticos -y muy especialmente el peronismo y el radicalismo-, así como sectores sindicales, empresariales y estudiantiles, se movilizaron unitariamente para apoyar el gobierno democrático encabezado por el presidente Alfonsín.

En esa situación, millones de personas comenzaron a salir a las calles en todas las ciudades del país para oponerse al alzamiento militar y la CGT, conducida por el sindicalismo peronista, declaró la huelga general en defensa del gobierno constitucional. Desde las primeras imágenes la población bautizó a los insurrectos como «carapintadas». Las calles se llenaron de personas que concurrían con sus familias, con sus hijos, a apoyar la democracia, más allá de toda identificación partidaria y permanecerían en las calles día y noche, hasta el fin de la crisis. ​

Debe destacarse la salida al balcón de la Casa Rosada el 16 de abril de 1987, del dirigente peronista Antonio Cafiero respaldando al presidente Alfonsín y todo el sistema democrático.

En varios lugares se crearon comités de defensa de la democracia para movilizar a la población.​ Personalidades como Tato Bores, Nito Mestre, Alejandro Lerner, Lito Vitale, entre muchos otros, se mostraban en la calle con la multitud.​ Incluso Campo de Mayo fue rodeado por una multitud reclamando a viva voz la rendición de los militares sublevados.

Debe destacarse la salida al balcón de la Casa Rosada el 16 de abril de 1987, del dirigente peronista Antonio Cafiero respaldando al presidente Alfonsín y todo el sistema democrático.

Aquel gesto de unidad nacional antes de la salida del entonces presidente Raúl Alfonsín a recibir la rendición de los militares insurrectos en Campo de Mayo, fue una demostración de los principios democráticos de un dirigente que comenzaba a erigirse como el más probable reemplazante del radical de Chascomús, algo que revalidaría en las elecciones de medio término el 6 de septiembre, cuando fue electo gobernador bonaerense.

El levantamiento finalizó el domingo de Pascuas, sin derramamiento de sangre, cuando los sublevados depusieron sus armas, luego de recibir garantías de que el gobierno presentaría una Ley de Obediencia Debida cerrando los juicios -lo hizo dos semanas después-, de que el jefe del Ejército sería removido y reemplazado por otro más cercano a los sublevados, y que el levantamiento sería tipificado con la figura atenuada de «motín».

La crisis finalizó con un discurso considerado histórico de Alfonsín ante la multitud reunida en la Plaza de Mayo, en el que dijo: «¡Felices Pascuas (…) la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina!».​ Otros dos levantamientos carapintadas se realizaron en enero y en diciembre de 1988 y el último se realizó en 1990.