Un día como hoy pero de 1826 – Bernardino Rivadavia es nombrado primer Presidente de la República Argentina

El 7 de febrero de 1826 el Congreso argentino nombra primer jefe de estado de la República Argentina a Bernardino Rivadavia, aunque no sería un presidente constitucional. Tuvo mandato por un poco más de 1 año, hasta julio de 1927, cuando presentó su renuncia.
Marcando el inicio de una larga serie de políticos atados a los intereses económicos escondidos detrás de términos como “civilización! o “interés público”, este joven formado en las ideas liberales hipotecó estas tierras a favor de los intereses británicos.

Rivadavia fue un político que se educó en el Real Colegio de San Carlos y estudió leyes sin llegar a graduarse. Desde muy joven se dedicó a las actividades mercantiles.
La historia cuenta que Martín Rodríguez, próximo a cesar en sus funciones ante la declaración de guerra por parte del Brasil, resolvió centralizar la conducción del país creando la figura de Presidente para la que de inmediato fue designado Bernardino Rivadavia.
En 1824, por su iniciativa, se celebró un contrato con la firma inglesa Baring Brothers, por la suma de un millón de libras, que Buenos Aires recibía en préstamo, garantizando el pago de la deuda con la hipoteca de las tierras públicas.
LAS RAZONES DEL EMPRESTITO
En su libro Política británica en el Río de la Plata, Raúl Scalabrini Ortiz reprodujo, en 1940, un comentario del vizconde de Chateaubriand del libro El Congreso de Verona que este publicase en Leipzig, en 1838, referido a los empréstitos concertados por Inglaterra en la década del veinte con varios países sudamericanos. Allí sostenía Scalabrini Ortiz que cuando América latina vivía el momento de su independencia e incluso de su intento de unificación (1826), los ingleses se preocuparon por que estos nuevos países, ya separados de España, quedaran bajo su dependencia.

Uno de esos empréstitos se concertó con la provincia de Buenos Aires. Los ingleses adujeron que otorgaban el préstamo y las futuras inversiones para ayudar a que fuéramos independientes y los porteños amigos de los ingleses arguyeron que lo necesitaban para construir el puerto y obras de salubridad, es decir, iniciar el camino de “la civilización”, y probablemente también dijeran que esas libras vendrían a permitir superar “la pesada herencia recibida” del coloniaje español.
Hay algo más, sin embargo: quedaba por reducir un saldo de comisión para Baring de 1.300 libras, las comisiones para Castro y Robertson de 7.000 libras, pues son dos gestores (lo que no debe escandalizar a nadie después de conocer las comisiones de Cavallo y Mulford por el megacanje en la época de De la Rúa). Pero existe, además, un recupero de gastos realizados por los viajeros que alcanza a 3.000 libras y otras 6.000 libras que se gastó Don Bernardino cuando fue a Londres a iniciar los contactos para el empréstito y dejó pendientes de pago. Un total de 17.300 libras.

Rivadavia había sido el inspirador del Congreso, que comenzó a funcionar el 16 de diciembre de 1824, en su condición de Secretario de Gobierno de Martín Rodríguez, quién poco después fue reemplazado en el cargo por Gregorio de Las Heras.
Existía la necesidad de sancionar una constitución y también una Ley de Capitalización pero las pujas entre unitarios y federales impidieron cualquier avance.
Diputados como Manuel García planteaban un sistema duramente unitario, mientras que Manuel Dorrego, que a pesar de ser bonaerense representaba a Santiago del Estero, proponía un federalismo acotado a media docena de provincias.

Rivadavia asumió el 8 cuando aún no existía una Constitución. Había sido una designación bajo el apremio de las circunstancias.
En 1825 se había sancionado una Ley Fundamental que creó un Poder Ejecutivo Nacional Provisorio delegado en el gobernador bonaerense que manejaba las relaciones exteriores. Pero las cosas se precipitaron con la ocupación brasilera de la Banda Oriental, en el marco de su expansión imperial que incluía la amenaza sobre la Mesopotamia.
Apenas asumido, Rivadavia avanzó con el proyecto de crear una capital nacional y para ello la fijó en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires y sus alrededores pero sometió a la mayor parte de la provincia de Buenos Aires al control nacional además de sus recursos, como los aduaneros, lo que provocó la renuncia de Las Heras a la gobernación.
Como presidente tuvo como principal responsabilidad frenar la expansión brasilera pero las obscuras negociaciones de su canciller Manuel García hicieron que renunciase el 27 de junio de 1827, cuando denunció que el propio García había entregado en sus negociaciones la Banda Oriental al enemigo.


Comentarios recientes