LOS ENEMIGOS DE LA DEMOCRACIA

En el corazón mismo de la democracia Argentina late al pulso de los votos, esta es la herramienta más poderosa que posee el ciudadano para influir en su destino colectivo.
El acto de votar trasciende más allá de la acción individual; es la esencia misma de la participación ciudadana y la base sobre la cual se edifica la democracia. Así, las elecciones se vuelven la arena en la que los ciudadanos expresan sus ideales y visiones, y el pasado 13 de agosto, las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) demostraron una vez más la relevancia de este ejercicio en el contexto político argentino.

Es fundamental reconocer que la viveza criolla, yo lo llamaría trampa o fraude, no puede ser permitida como excusa para minar la integridad del proceso democrático.
La trampa electoral, esa artimaña que busca distorsionar los resultados en favor de ciertos intereses, se erige como una afrenta a la esencia misma de la democracia y vulnera los derechos de aquellos ciudadanos que deberían poder ejercer su derecho a votar libremente. Es inadmisible que en pleno siglo XXI, en una sociedad que aspira a la justicia y la equidad, persistan prácticas que oscurecen la claridad del proceso electoral. Robar boletas en el cuarto oscuro, decirles a los votantes que si no hay boletas del candidato que prefieren voten en blanco, o que voten a otro candidato, se vulnera el principio fundamental de la elección: permitir que cada individuo elija la opción que más se alinea con sus valores y deseos, es fundamental.

Otro tema a discutir es el rol de las PASO, abrir las internas partidarias a todo aquel que quiera votar, parece un acto democrático, pues déjenme decirles que no, el objetivo de las paso tal cual está planteado es minar a los partidos políticos, por el contrario un partido político se hace más fuerte cuando tiene mayor cantidades de afiliados, mayor poder de convocatoria.
Y si hablamos del dinero que cuesta al erario público las PASO, según la FUNDACIÓN LIBERTAD Y PROGRESO, se destinaron solo para impresión de boletas a cada una de las fuerzas que presentaron candidato a presidente más de 103 millones de pesos, y se calcula que toda la elección represento un total de 8 mil millones de pesos.

Más allá de los acontecimientos actuales, se hace imperativo considerar reformas en el sistema electoral. La tradicional «lista sábana» ha demostrado ser susceptible a la manipulación y la falta de claridad para el electorado. En este contexto, el cambio a la boleta electrónica o la boleta única de papel se erige como una propuesta atractiva. La boleta electrónica podría ofrecer una mayor precisión y seguridad en la votación, reduciendo la posibilidad de manipulación y errores humanos. Sin embargo, es necesario abordar las preocupaciones sobre la ciberseguridad y garantizar un acceso equitativo a la tecnología.
La boleta única de papel, por otro lado, simplificaría el proceso de votación al presentar en un solo documento todas las opciones disponibles, minimizando la confusión y la trampa asociada con las boletas largas. Sin embargo, esta opción debería ser implementada con rigurosos procedimientos para prevenir la falsificación y asegurar la confidencialidad del voto.

En un momento en el que los cimientos de la democracia argentina son puestos a prueba, se hace evidente que los enemigos de la democracia están más presentes que nunca. La reciente victoria de Javier Milei en las PASO del 13 de agosto fue un recordatorio contundente de la influencia de la ciudadanía en la determinación del rumbo político del país. Pero esta victoria también debe ser un punto de partida para reflexionar sobre los desafíos que enfrentamos como sociedad y para reafirmar nuestro compromiso con la democracia.
La trampa electoral, o como deberíamos llamarlo apropiadamente, el fraude, sigue siendo una amenaza persistente para la integridad de nuestro proceso electoral. Estas prácticas socavan la confianza en el sistema y debilitan la voz de los ciudadanos. No podemos permitir que el cinismo o la indiferencia nos hagan cómplices de la erosión de nuestra democracia. Cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de proteger y fortalecer este valioso sistema que nos permite expresar nuestras opiniones y determinar el futuro de nuestra nación.

Es crucial recordar que la democracia no es solo un sistema político, sino un reflejo de nuestros valores y aspiraciones como sociedad. Cada vez que depositamos nuestro voto en una urna, estamos ejerciendo un acto de empoderamiento y solidaridad con nuestros conciudadanos. La esencia sagrada de la democracia radica en la posibilidad de que cada individuo pueda expresar su voluntad a través de las urnas, sin miedo ni interferencias.
Así que, unidos en este propósito, insto a cada uno de nosotros a que no regalemos ni un solo día de nuestras vidas para poner fin a estas prácticas perniciosas. Con determinación, educación y acción colectiva, podemos fortalecer los cimientos de nuestra democracia y garantizar que las voces de todos sean escuchadas en igual medida. En esta misión, nuestra responsabilidad es clara: proteger, nutrir y preservar la esencia misma de la democracia argentina para las generaciones venideras.


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