Un día como hoy pero de 1912 – Se sanciona la ley Sáenz Peña (Ley Nº 8.871), que establece el sufragio universal, secreto y obligatorio y el sistema de lista incompleta.

El 10 de febrero de 1912 se sancionó la Ley 8871 conocida como “Sáenz Peña”, en honor a Roque Sáenz Peña quien fuera su autor. A partir de ella, se reformó la ley electoral en la República Argentina ya que se estableció el sufragio universal, secreto, obligatorio y el sistema de lista incompleta, hecho que puso fin al sistema anterior dominado por el fraude.
Esta ley tiene por objetivo de erradicar todas las prácticas fraudulentas en las elecciones las cuales habían permitido la permanencia de gobiernos oligárquicos desde 1862.

Adoptaba la universalidad del voto permitiendo la inclusión de las minorías en el ámbito político y consolidando el concepto de democracia plena.
Fue impulsada por el presidente Roque Sáenz Peña y aplicada por primera vez en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires en abril de 1912.
EL FRAUDE ELECTORAL EN LA LITERATURA DE FINES DE SIGLO XIX Y PRINCIPIO DEL SIGLO XX
La literatura costumbrista en Argentina de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, reflejó una realidad cívica que contradijo y desafió la letra de las leyes vigentes en materia electoral. Entre los escritores del momento sobresalió el mercedino Roberto Payró, quien describió con tono irónico distintas modalidades del fraude electoral, tales como el «voto múltiple» de una persona o el «volcamiento» del padrón electoral a favor de la lista oficialista. Así por ejemplo, en las Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910) contó la historia de un provinciano y su carrera política a base de engaños y traiciones.

En 1908, publicó “Pago Chico”, un cuento conformado de pequeños relatos irónicos en un lenguaje propio de la época, que refleja las costumbres de un pequeño pueblito rural de la Provincia de Buenos Aires -probablemente Bahía Blanca- a principios del siglo XX.
MENTIR LA HISTORIA
Todo el relato del actual presidente estriba en una Argentina esplendorosa que no coincide con la literatura y las artes que reflejaban un pueblo sufriente y esclavizado a un sector minoritario que no dudaba en explotar su condición. Seria bueno que los historiadores desenmascaren la mentira del cuento de Milei.
NOTA DE LA REDACCIÓN: Recomendamos leer “Un guapo del novecientos” de Samuel Eichelbaum.


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